Belta nació de una historia de amor — y de una mopa.
Todo empezó cuando Lucía y Beto se conocieron y decidieron apostar juntos: se mudaron a Mar del Plata con pocas certezas pero muchas ganas, y empezaron a vender productos para el hogar. Simple, espontáneo, sin nombre todavía — pero con mucho corazón.
Después vino un nuevo capítulo: se mudaron a Buenos Aires, formaron su familia y llegaron Beltrán y Tania. Y fue en ese momento que todo tomó forma. El nombre apareció solo:
Beltrán + Tania = Belta
Una marca construida literalmente con lo más importante que tienen.
Hoy Belta es eso: una empresa familiar que nació del amor, creció con esfuerzo y existe gracias a cada persona que elige hacer de su casa un hogar con nosotros.